miércoles, 4 de enero de 2012

Cuentos de Navidad

La navidad del futuro


                                                     
Érase una vez un niño que fue a explorar el futuro de la navidad con mucha nieve y cosas raras. Había un árbol gigantesco con muchos adornos y regalos de navidad y también hay un mogollón de casas de dos pisos. Fue a ver la ciudad y sin querer se fue a un pueblo pequeño sin árbol gigante. Había un árbol muy pequeño sin adornos y sin regalos. En fin, sin nada, pero el niño no iba a permitir eso. Cogió muchos adornos y regalos. Se fue al bosque con una motosierra y cortó un árbol grande. Cogió un coche y se llevó el árbol al pueblo. Lo montó y toda la gente volvió a disfrutar de la navidad.


Autor/a: Aarón Martínez


Los niños en el futuro

                
Érase una vez unos hermanos llamados Miguel y Luis. Estaban en el futuro. Aviones, coches voladores y Miguel era un poli, Luis era un gran conductor de camiones monstruo y celebraron la navidad en una casa metálica, allí tenían un precioso árbol de navidad. Pasaron la mejor navidad del mundo. Había nieve y más nieve, empezaron a tirarse bolas de nieve. Colorín colorado este cuento se ha acabado.


Autor/a: Donovan López Cánovas


Regalos infinitos

Érase una vez en el Polo Norte en el que vivía un hombre llamado Juan, pero resulta que Juan es Papá Noel. Él se está preparando para Nochebuena. Pero hay duendes que no quieren trabajar. Y encima hay que hacer 52 000 000 millones de regalos para los niños de España. Juan intentaba todos los días convencerles pero nunca querían y el día de Nochebuena era en una semana. Así que Juan debía de trabajar con os que tenía. No les daba tiempo. Juan inventó una máquina de muñecos de nieve para que trabajaran como los duendes que tenía. Faltaban 4 días para Nochebuena y no daba tiempo. Los duendes y los muñecos no se daban por vencidos y terminaron los regalos.
Y llegó el día de Nochebuena y empezó a repartir regalos. Resultó ser que el trineo se estropeó y volvieron a la base a arreglarlo. No tenía arreglo y Juan construyó otro trineo automático y con propulsor para que corra a 11 000 por hora, pero ya eran las 10:00 y tenía que repartir 42 000 000, pero eran muchos. Con el propulsor llegó a tiempo y repartió los regalos.

Autor/a: Juan Manuel Huertas Egea




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